Tercer Grado

Por Marcela Macías

El tercer grado es un año donde el hacer cobra vital importancia.  Se viven momentos de transformación. Los niños cumplen sus 9 años, esto significa que comienzan su “Rubicón” o proceso de individuación, llamado así en la pedagogía Waldorf. 

El Rubicón se puede ver como una crisis, en el sentido de que hay mucho movimiento interno y externo porque hay un proceso de cambio, hay una metamorfosis. El niño pasa de estar compenetrado con el mundo exterior y sus padres, a tener una experiencia de YO más fuerte, a sentirse un individuo separado del mundo exterior. Todo esto trae varios cambios en los niños. En algunos aparecen temores, necesidad de tener su propio espacio, de cerrar la puerta de su habitación y poner carteles que indiquen que ese espacio es privado. Se comienzan a preguntar por su propia existencia, por la creación del mundo, comienzan a cuestionar la autoridad, se ponen desafiantes, pueden aparecer temores nocturnos o pesadillas, empiezan a tener una conciencia un poco más despierta.  

Todo este proceso está dentro del marco de que aún están en plena infancia, son alegres, les gusta mucho jugar, su cuerpo es liviano y ágil, aún el lenguaje de las imágenes les es muy afín y están lejos de entender plenamente el pensamiento abstracto. Todavía el mundo debe seguir siendo un lugar seguro y confiable, guiado por los adultos que lo conducen con límites claros, firmes y amorosos. Los ritmos de alimentación, sueño, espacios recreativos y de aprendizaje deben seguir siendo acompañados y cuidados, ya que ellos les permiten seguir madurando sanamente dentro de un marco de seguridad y cobijo. La guía o autoridad clara y amada de sus maestros, padres y cuidadores debe continuar siendo desde un adulto que sabe gestionar sus emociones y autorregularse y que comprende que los procesos en los que el niño desafía la autoridad con gran vehemencia son procesos naturales porque necesita probar sus propios límites y los de sus cuidadores. El cómo reaccionemos ante esto es la forma en que les estamos enseñando a ellos a reaccionar en situaciones difíciles y más tarde, de adultos o jóvenes será lo que van a imitar. Tener siempre presente que en estos 9 años los niños recién están empezando a  experienciar esta individualidad y este proceso irá madurando hasta los 21 años, que será cuando el YO se asiente definitivamente y tenga todas las herramientas para desenvolverse en el mundo adulto. 

Todo este proceso anímico que vivencia el niño es acompañado por el currículo Waldorf de tercer grado. Aparece la letra cursiva como un puente de unión de letras que antes estaban separadas, este proceso además de ser desafiante a nivel motriz les permite a los niños una fluidez y un ritmo en el proceso de escritura, muy adecuado para esta edad, las letras se dan la mano para formar palabras. Se introduce la primera gramática con el adjetivo, verbo y sustantivo; tomándolo desde lo que representa cada uno, verbo – acción, adjetivo – sentimiento y sustantivo – pensamiento. La gramática es la estructura del lenguaje y los niños comienzan a necesitar estas estructuras que los acompañen en su propio proceso. También aparecen los signos de puntuación, admiración e interrogación. Se trabaja la comprensión lectora y la fluidez de la lectura con pausas y entonación de la voz, además del dictado de párrafos cada vez más largos. 

La época de siembra de trigo les permite a los niños conectarse con la tierra, con el trabajo, vivenciar el largo y hermoso proceso de preparar la tierra, sembrarla, esperar y cosechar. Pueden ver cómo el caballo o la yegua con su gran fuerza y bondad nos ayudan en esta tarea que sería muchísimo más ardua sin su ayuda. Tomar el arado con sus manos es un proceso muy importante también, ya que está relacionado con fortalecer ese yo naciente que debe encausarse. Además de todo lo anterior, para los niños, niñas, padres y madres que asisten es un momento de compartir y aunar alma grupal. 

La época de construcción es una época en la que se ven diferentes tipos de casas. Las casas, además de ser cobijo y protección externa, simbolizan la construcción de esa nueva individualidad que tiene la sensación de estar expuesta, de no saber cómo moverse y por eso todo lo que tiene que ver con casas, cuevas o refugios les permitirá sentirse seguros en esta conquista. Además, los niños tienen la sensación de estar poniendo los pies en la tierra (nivel de conciencia menos ensoñado) y necesitan saber que tienen las herramientas para cultivar sus alimentos, construir sus refugios, preparar su pan, hacer su ropa. Es por lo anterior que también hay una época de oficios. 

La narración que acompaña este periodo es el antiguo testamento. Pero no en el sentido religioso, sino como historia de la humanidad, ya que en esta narración aparece la explicación de la creación del mundo, de la caída del paraíso a la tierra y todo lo que esto conlleva.  Se trabaja con el texto de “Hubo Luz” e “Id a la tierra prometida” de Jakob Streit. 

En matemáticas, se trabajan fuertemente las tablas de multiplicar del 1 al 12, desde la rítmica corporal, las tablas de multiplicar de madera y los escritos en el cuaderno. Se realizan operaciones dándole a los números su valor posicional para luego sumar, restar, multiplicar y dividir en forma vertical con números hasta la centena de mil en suma y resta y multiplicaciones y divisones por números de dos cifras. También se trabajan las unidades de medición, desde las medidas antiguas como la pulgada, el codo, la yarda, hasta las medidas modernas de peso, volumen y longitud. 

En dibujo de formas los niños trabajan la metamorfosis y formas ligadas como acompañamiento del trabajo de la letra cursiva.